Soy un caso, lo sé. De vez en cuando me permito un capricho de estos.A pesar de que entre el trabajo, la música, el weblog y miles de aficciones que tengo casí no me queda tiempo para nada, desde hace unas semanas soy el orgulloso dueño de una Nintendo DS. Cuando parece que todo el mundo se está pasando a la PSP en cuestión de consolas portátiles, yo me tiro a la rama japonesa.
Sencillamente, los juegos de la DS tiene peores gráficos que la PSP, pero el soporte parece que permite hacer juegos del tipo que a mi me gustan que son mucho mejores. La pantalla tactil, que se toca con un pequeño lápiz, permite crear juegos más interactivos e intuitivos.
Lo que pasa es que los juegos que me gustan a mí son de dos tipos. O bien puedes jugar a ellos cinco minutos y dejarlo (cosas tipo Brain Training a juegos sencillos) o bien tienen que ser de esos en los que hace faltan falta horas y horas para terminarlos. No soy aficionado a los juegos de acción o de deportes, pero sí a los de estratégia, rol o simulación. Paso de Formula Uno, de fútbol y de matar marcianos, prefiero el Final Fantasy o el Civilization. Y en la DS hay de estos a dolor.
De momento, me estoy pegando con el Puzzle Quest, una especie de Tetris (más bien del viejo Colums de Sega) con elementos de rol.
Que conste que juego poco (lo prometo), pero es impagable para los tiempos muertos en los que por cualquier cosa uno no es capaz de leer. Y encima, tiene la pantalla autoalimentada, por lo que puedo jugar de camino al curro por las mañanas (siempre que no conduzca yo, claro) cuando no hay luz suficiente para leer.

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