domingo 7 de diciembre de 2008

Particularidades recurrentes

Creo en el hecho de que todo el mundo se debe sentir un poco especial de vez en cuando.

Al trabajar con niños pequeños en un colegio, tengo la suerte de poder echar un cable a unos pocos para que se sientan algo más especiales y que pasen menos desapercibidos. Normalmente lo hago con lo que yo llamo particularidades recurrentes (término recién inventado y de dudosa legitimidad léxica).

Me explico. De vez en cuando me encuentro con alguna situación en la que un chaval hace algo que le diferencia de los demás. Puede ser cualquier cosa, cualquier tontería. Lo que yo hago es prolongar esa situación recordándosela de vez en cuando y asegurarme de que no hago lo mismo con mucha gente, para que sea algo especial.

Por ejemplo, un día una niña me dio un susto legítimo en el colegio. Torcí una esquina y casi me la como. La pobre pegó un grito y yo dí un salto decente. Desde entonces, casi siempre que cruzo una mirada con ella hago como que me sobresalto. Le hace una gracia enorme y estoy seguro de que alguna vez (probablemente pocas, pero menos es nada) le alegro un poco la mañana. Lo gordo es que llevo casi cuatro años con la tontería. Y no deja de hacerle gracia.

Otros dos chicos se quedaron impresionados el año pasado el primer día después de las vacaciones de Navidad. Les dejaron traer alguno de los juguetes de Reyes y no se esperaban que los mayores reconozcan sus cosas. (Seamos sinceros, uno fue friki antes que ellos). Uno venía con dos muñecos de lucha libre y el otro con un casco de Optimus Prime de Transformers (dos de mis vicios preferidos en algún punto de mi vida, ya sea hace mucho o no hace tanto). A ambos les insistí desde entonces en que los juguetes eran míos y que me los tenían que devolver. Se nota que estoy de broma y siempre me las arreglo para ponerles una sonrisa en la boca. Ambos ya me vienen muchos días directamente a decirme que no me los van a dar, a ver qué cara les pongo. Al del casco sólo tengo que hacerle el gesto de que me pongo uno para que empiece a decir que no...

A veces merece la pena dedicar un ratillo a ver qué es lo que se lleva entre los chavales para hacerles la vida un poquito más agradable. Es curioso darse cuenta de la diferencia que puede hacerle a un niño de tres años el hecho de que conozcas a Pocoyó o no.

Ahora están con los Gormitis y Ben10. Con eso ya me pierdo un rato, pero prometo ponerme al día.

Otro día escribiré sobre la Universidad de los Guapos. Directamente desde CMLL en México hasta el comedor de mi colegio...

Los detalles pequeños son los que marcan la diferencia.